martes, marzo 07, 2006

Para Hebertt

Al maestro que nunca fue posible

Pido perdón a mi maestro
de quién yo iba descubriendo
entre augustas palabras
algunas certeras pretensiones

En algún momento mi sordera
pudo más que mi paciencia
ahora solo, sin tu presencia,
me consuelo en esta espera

Cabeza baja,
humildad a regañadientes
descuido más que olvido
terquedad más que poca fe
te pido perdón una vez más

Quizás a mis palabras
no termine por llevárselas
apretadas y embalsamadas
este lento correr del tiempo.

Por eso ahora me ofrezco
en discípulo callado,
en aprendiz sincero
de casos y de cosas,
de lugares y de ausencias
aunque solo quede tiempo
para un apretón de manos...

0 Comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]

<< Página Principal