Para Hebertt
Al maestro que nunca fue posible
Pido perdón a mi maestro
de quién yo iba descubriendo
entre augustas palabras
algunas certeras pretensiones
En algún momento mi sordera
pudo más que mi paciencia
ahora solo, sin tu presencia,
me consuelo en esta espera
Cabeza baja,
humildad a regañadientes
descuido más que olvido
terquedad más que poca fe
te pido perdón una vez más
Quizás a mis palabras
no termine por llevárselas
apretadas y embalsamadas
este lento correr del tiempo.
Por eso ahora me ofrezco
en discípulo callado,
en aprendiz sincero
de casos y de cosas,
de lugares y de ausencias
aunque solo quede tiempo
para un apretón de manos...
Pido perdón a mi maestro
de quién yo iba descubriendo
entre augustas palabras
algunas certeras pretensiones
En algún momento mi sordera
pudo más que mi paciencia
ahora solo, sin tu presencia,
me consuelo en esta espera
Cabeza baja,
humildad a regañadientes
descuido más que olvido
terquedad más que poca fe
te pido perdón una vez más
Quizás a mis palabras
no termine por llevárselas
apretadas y embalsamadas
este lento correr del tiempo.
Por eso ahora me ofrezco
en discípulo callado,
en aprendiz sincero
de casos y de cosas,
de lugares y de ausencias
aunque solo quede tiempo
para un apretón de manos...

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