¿Debería o no debería ir a votar?
Cuando uno se pregunta si vota o no vota, hay dos razones para ello: por desidia, es decir, desánimo, desinterés e indiferencia, o por miedo. El desinterés y la falta de compromiso es lo que tiene a los pueblos latinoamericanos donde estamos. Uno puede tener el derecho a no votar pero eso es como tener el derecho a ser asocial, el derecho a la apatía y el derecho a que no me importen los demás. Somos tan individualistas que no nos interesa de ninguna manera apoyar al prójimo ni estar comprometido con él. Ir a votar es un compromiso con los demás, es un compromiso con el presente y con el futuro. Por esta misma razón, votar es convivir y transformarse en ciudadano (ciudadano: habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país, ver Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española).
El voto es expresión y participación, el voto es hecho, es acción, está más allá de la crítica idealista y teórica. Votar significa decir "soy responsable de mi futuro, de mi familia y de mis hijos y estoy comprometido con aquellos que tienen menos que yo y con los que tienen más". Votar es una expresión concreta de los sueños, pensamientos e ideales que representan al mismo tiempo al individuo y a la sociedad. Más allá, votar es hacer historia y dejar huella. Votar
también se transforma en conciencia para exigir los demás derechos: derecho a que el Estado funcione y a que el gobierno garantice los servicios, derecho a la paz y a la seguridad, derecho a la convivencia social.
La indecisión no tiene cabida en estos días. Ve a votar y confía en tu participación.